Cuando notas que tu cuerpo ya no puede
y las prímulas se marchitan en otoño,
como prendido en un lucero vas volando
dejando girones de tu materia por las
nubes.
Ay, Señor, ¡qué cosa somos! :
carraca de órganos, huesos y sustancias
como mendigos que portan un gabán sucio
y debajo está su alma.
Viajero es el ser que se transforma
de la vida a la muerte en un suspiro,
sin saber si hay destino, otro mundo,
o tal vez la nada, vestimenta de pompas
y tules.
Qué dolor más grande dejar este mundo
-aún lleno de complejidades y desafíos-
pues aunque pudiera existir la gloria
al otro lado de la vida, no quiero
viajar
tan lejos, pues de cualquiera de las
formas,
mi mundo, éste de la materia incompleta,
es mi amor por conocido.
Por qué la enfermedad, porqué las
guerras,
por qué nuestro alimento proviene de
otros seres,
por qué tanto dislates, confusiones,
alegorías,
por qué es tan tedioso, incomprensible e
injusto
saber que cualquier día, nuestra muerte
se aproxima.
¿Quedarán en el éter mis sentimientos, mis ideas,
mis ternuras,
la música, la poesía, las emociones que habitan en
mi espíritu,
y serán como ascua, vapor, arrullo y gozo, cuando me
transfigure
de la vida a la muerte, o todo
desaparecerá conmigo?
Oh, Dios, ¿acaso existes? ¿hay
esperanza?
© Luis Vargas Alejo